5 grandes cambios permanentes en la industria del coche tras la pandemia

Aunque se supere la pandemia, nadie duda de que hay muchas cosas que el coronavirus puede cambiar para siempre, también en automóvil. Estos son los grandes cambios permanentes que aguardamos.

De hecho, los propios coches evolucionarán acusando el impacto de la crisis actual, que a largo plazo hay que ver en dos claves: la cesión de derechos individuales a la privacidad y el cambio en los hábitos de consumo.

El impulso de las marcas a las ventas por internet nunca a sido decidido, pero eso es una de las cosas que cambiarán con esta crisis del coronavirus en el automóvil, amén de que los concesionarios sean capaces de subirse a ese carro. Sin embargo, a nivel particular, el mayor impacto se va a notar en que la movilidad cambiará para poder hacerse de una manera más controlada.

Controlar solo significará limitar hasta que se domine la pandemia, pero este control sí que será un cambio permanente en el automóvil. Si hasta ahora unas cuantas empresas conocían toda clase de datos sobre nosotros, ahora esos datos serán usados también por los gobiernos y por otro montón de empresas más. El derecho a la privacidad, por muy alta que sea la protección de los datos que identifiquen a los individuos, a cierto nivel, no implicará nunca más la localización ni con quién entramos en contacto.

A continuación puedes ver los cinco grandes cambios permanente que el coronavirus traerá al automóvil.

1. La fabricación de coches en masa deja de tener sentido

Las fábricas de coches llevan paradas en la Unión Europea desde el 16 de marzo y aunque algunas como la de Volkswagen en Navarra están volviendo a la actividad, esta no va a retomarse en mucho tiempo. Quizá nunca porque uno de los indicadores económicos en los que va a impactar el coronavirus a largo plazo será en la demanda de turismos.

Y todavía no se puede evaluar hasta qué nivel caerán las ventas de coches, pero si el confinamiento se extiende todo el año, el teletrabajo terminará consolidándose como una solución estable y los desplazamientos de largo recorrido por ocio volverán a ser, como antes de los años 50, la excepción. Así las cosas, la demanda de coches no se recuperarán aunque haya ayudas directas.

Por suerte, la industria del automóvil experimentaba con una tecnología que puede responder este nuevo paradigma: la fabricación 4.0. Con fábricas ya altamente robotizadas, producir a demanda -pero no como hasta ahora, sino que cada coche tenga los nombres y apellidos de su propietario- en lugar que de manera masiva es la única receta para evitar que crisis como la actual puedan acabar siendo un cataclismo para el automóvil.

Esto requerirá un cambio en las leyes de distribución, aunque quizá no sea en el sentido en como lo vienen demandando asociaciones como Faconauto. Y, desgraciadamente, significará que a medio plazo habrá menos empleos en las fábricas de coches.

2. La movilidad no volverá a ser lo mismo

Otra de las cosas que el coronavirus cambiará para siempre en el automóvil es la propia movilidad. Aunque su valor monetario haya caído como toda la economía, el coche particular se ha revalorizado como medio de transporte porque es el donde se reduce más el riesgo de contagio.

Por eso aunque haya un desplome de los desplazamientos de larga y media distancia en coche a lo largo de este año, al final, el automóvil se mantendrá mucho mejor que otros medios, como el avión. El tráfico aéreo ha desaparecido de los cielos de Europa y EEUU: arriba puedes ver una imagen por satélite del aeropuerto de Fráncfort sin aviones a finales de marzo.

Esto habrá compañías que lo resistan, pero el modelo de turismo que existía hasta febrero de 2020 puede cambiar, como también lo harán las compañías de movilidad compartida. La única empresa del sector que hasta ahora había dado resultados positivos era la española Cabify, pero es evidente que el coronavirus va a afectar muy negativamente a estos negocios, a los que quizá les toque reinventarse antes de haber llegado a la madurez.

3. La fiscalización de la movilidad

Desde hace años viene planeando sobre España la necesidad de replantear la fiscalidad del automóvil y vincularla a la movilidad. Hasta ahora, los sucesivos gobiernos no se han atrevido a establecer un pago por el uso de las infraestructuras ya amortizadas, aunque el déficit en su mantenimiento -por encima de los 8.000 millones de euros- solo podía ya ser saldado con nuevas fuentes de financiación.

Ahora la introducción de una tasa -algunos informes hablan de  unos 6 céntimos de euro por cada kilómetro-, puede volver a ponerse definitivamente sobre la mesa y, debido a la bajada de los desplazamientos, pagar 30 euros de peaje por ir de Madrid a Sevilla no será tan mal visto por algunos conductores. Lo malo es que esta tasa llegaría para quedarse, no como los controles de la Guardia Civil por el Estado de Alarma.



4. Cómo cambiarán los coches por el coronavirus

Aunque mantener el coche libre de coronavirus es algo relativamente sencillo porque el virus desparece en menos de 48 horas sin hacer nada y puede ser eliminado con cualquier jabón de las superficies, los cambios profundos que generará la crisis actual se trasladarán a los coches de una u otra manera.

Seguro que en los próximos años, las interfaces de los vehículos incorporarán sistemas de información sobre la calidad y pureza del aire, y en los coches empezaremos a ver soluciones basadas en tecnologías biométricas con las que poder controlar la salud de los ocupantes. Estos datos, por ejemplo, podrán ser utilizados en futuras crisis sanitarias.

5. ¿Es el coronavirus el punto y final de los salones del automóvil?

España se enteró de la existencia del COVID-19 a comienzos de febrero, cuando las empresas que iban a asistir al Mobile World Congress de Barcelona empezaron a cancelar en cascada ante el miedo a las posibles denuncias de sus propios trabajadores si se contagiaban. Aguantado por sus organizadores hasta más allá de toda lógica, al final el Mobile se canceló.

Lo mismo sucedió dos semanas después con el Salón de Ginebra, que ha terminado convirtiéndose en una especie de evento digital en el que, desde entonces, las marcas nos van adelantando a los medios imágenes de sus lanzamientos. La diferencia entre el salón de Barcelona y el de Ginebra es que estos eventos de automóviles ya venían muy tocados.

La importancia de los salones internacionales lleva más de una década en caída. El IAA de Detroit se había movido al verano para no coincidir con la feria de tecnología de Las Vegas. El último en ‘caer’ ha sido el Salón de París, que iba a celebrarse en octubre de este año y cuyos organizadores han adelantado que no podrá celebrarse en su formato habitual.

Si este formato digital de presentaciones de coches se impone, los salones de coches tenderán a la desaparición y la profesión que ejercemos en AUTOBILD.ES y en otros medios especializados cambiará para siempre por el coronavirus.

*Artículo original publicado por Vicente Cano en Autobild.es

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