Conviértete en un creador de instantes perfectos

Hay algo más duradero que un diamante: el recuerdo de los momentos felices. Esos instantes de mágica perfección no aparecen por azar, todos tenemos capacidad para crearlos, promoverlos y poder así sentirnos más satisfechos y felices. Así podemos lograrlo.

Los instantes perfectos no se capturan, se crean. La capacidad para trazar esos instantes que quedan impresos en la memoria del corazón parte de la intencionalidad de cada uno, porque no son producto de la magia o del azar del destino. Depende de ti, de tu habilidad para saber apreciar lo que es importante, poner los medios, aprovechar la oportunidad y mirar el mundo desde el filtro de las emociones.

¿Tan difícil es de lograr todo esto? Decía el escritor italiano César Pavese que las personas no recordamos días, recordamos momentos. Si esto es así, se debe básicamente a la carga emocional de esos fragmentos de tiempo. Da igual que ese pequeño trazo de vida no sea más que una sensación, la de un abrazo, un beso, un paseo bajo la lluvia o el olor del océano al terminar el verano.

Cada uno de nosotros tenemos el poder de atesorar esos instantes; basta con propiciarlos. El inconveniente se encuentra en nuestro presente, demasiado habitado quizá por las preocupaciones, por las presiones y el horizonte de un futuro que no siempre vemos muy claro. La mente se dispersa y deja de aferrarse al aquí y ahora, a ese faro que nos alumbra con mil escenas y experiencias que deberíamos atender y aprovechar.

Vale la pena convertirse en explorador de emociones, en capturador de instantes, en facilitador de momentos significativos para poder así, hacer más grande el baúl de nuestros recuerdos y ganar en felicidad.

¿Cómo se crean los instantes perfectos?

Los instantes perfectos se crean con intención. Ahora bien, por llamativo que nos parezca pocas dimensiones son tan complejas como nuestra «intencionalidad». A grandes rasgos, podemos definirla como esa conducta en la cual, orientamos nuestras voluntades hacia un fin, hacia una meta. Filósofos como Aristóteles, Agustín de Hipona o Descartes profundizaron en este concepto en su día.

Sin embargo, para la psicología es un tema reciente lo cual, es extraño porque de algún modo, desde la acción más pequeña hasta el hecho más decisivo parten de nuestra intención, de esa energía interna que aunamos para lograr algo. Fue el psicólogo Franz Brentano quien a principios del siglo XX nos aportó otra perspectiva más interesante para esta área del ser humano

Para él, la intención no es solo producto de la mente, no es decirnos únicamente «voy a hacer esto aquí y ahora». Es sentirlo, es dejarnos arropar por la emoción, por el sentimiento, la determinación, el impulso creativo y el deseo. Los instantes perfectos necesitan de esta alquimia fabulosa para que aparezcan. Es necesario que despertemos las voluntades e intencionalidades para hacer reales esos momentos que se convierten en tinta indeleble en nuestro cerebro.



Veamos no obstante, unos pasos para alzarnos como artesanos de esas experiencias.

Piensa en lo que deseas conseguir y sé receptivo

De nada sirve, por ejemplo, que nos inviten a una cena romántica si nuestra mente está en otro sitio. De poco nos servirá a nosotros también, darnos un respiro una tarde en la playa si nos pasamos todas esas horas pensando en lo que vamos a hacer mañana. La intención se queda en nada si la emborronamos una vez más con esa mente hiperactiva.

Para crear instantes perfectos debes visualizar primero qué quieres conseguir. Así, algo que anhelamos es sentirnos bien, conectar con quien está con nosotros y lograr que se sienta feliz. Esperamos reír, disfrutar, dejar que el tiempo pase en calma y equilibrio. Asimismo, también dejaremos espacio a lo imprevisto, a las casualidades, a ese factor sorpresa que a menudo aparece en muchos de nuestros momentos más queridos.

Sé consciente de lo que está sucediendo aquí y ahora (y disfrútalo)

El psicólogo y filósofo Eugene Gendlin, influido por la psicología humanista de Carl Rogers y la fenomenología, creo una herramienta terapéutica muy interesante denominada focusing. Consiste básicamente en tomar conciencia de nuestras emociones a través de un diálogo compasivo, amable y respetuoso.

Esta herramienta no solo es útil para manejar el estrés, además, es muy útil para focalizar la mente al momento presente y lo que sucede a mi alrededor y lo que yo experimento. De este modo, si deseamos crear instantes perfectos, es idóneo que establezcamos un diálogo interno positivo que siga esta línea: «Estás bien. Todo está en calma y tú te sientes feliz, lo que está ocurriendo ahora es agradable y mereces disfrutarlo porque tú eres valioso, porque te mereces lo mejor.  Y esto, lo recordarás siempre»

Recuerda, los instantes perfectos actuarán como bálsamos para los momentos futuros

Desde la Universidad del Norte de Texas, se realizó este mismo año un estudio muy interesante. La doctora Ateka Allan, directora de este trabajo de investigación, demostró cómo el recuerdo de esos instantes perfectos vividos en el pasado, esos en que las emociones positivas crean una huella y un anclaje en nuestro cerebro, actúan como herramienta curativa en las épocas de sufrimiento.

Es más, en la terapia para tratar el trastorno de estrés postraumático  sirve como catalizador para la mejora de los pacientes. Por tanto, es necesario que tengamos presente un aspecto: facilitar en nuestro día a día pequeños instantes de bienestar es permitirnos crear un sostén de salud para esas épocas en que las cosas no nos van demasiado bien.

A veces, los aspectos más sencillos de nuestra cotidianidad son los que más impacto dejan en nuestra memoria: un paseo con nuestra pareja, una tarde con los amigos, una pequeña escapada de fin de semana… Convertirnos en creadores de recuerdos felices no es tan difícil, se necesita poco: basta con nuestra capacidad para emocionarnos.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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