El luto confinado: funerales ‘online’, grupos de duelo y nuevos rituales

Cuando su abuela murió la semana pasada, Lori Perlow envió un correo electrónico a sus compañeros de trabajo informándoles de que se tomaría la tarde libre. Al día siguiente, encendió su ordenador al día siguiente y se conectó a Zoom, tal y como haría en un día laborable. Pero esta vez era para ver el funeral. No habría shiva (periodo de duelo de una semana típico del judaísmo), ni vecinos con abrazos y guisos. Su luto estaba confinado entre las paredes de su casa.

Perlow estaba en el sur de Nueva Jersey (EE. UU.). Su abuela, Sylvia Weingast, murió en Brooklyn y fue enterrada en Long Island (ambos en EE. UU.). Aunque no era una gran distancia en coche, el viaje entrañaba muchos riesgos. Los sanitarios habían estado entrando y saliendo de la casa de su abuela en esos últimos días, y no se sabía había muerto de coronavirus (COVID-19). Nunca se había sometido a la prueba.

Mientras miraba la transmisión en directo, se sintió extraña y un poco enfadada. Le parecía irrespetuoso seguir el entierro de su abuela, que había sobrevivido al Holocausto, en la misma plataforma que usaba para las reuniones de trabajo. La retransmisión no la consolaba. Perlow explica: «Es como ver una película, pero siendo parte de ella. Observar el entierro, con las personas que estaban allí con mascarillas, sin acercarse unas a otras, sin abrazarse, simplemente de pie, separadas. Me resultaba raro, realmente extraño». No sabía qué hacer, así que preparó una tarta de manzana y publicó un tuit para expresar que su abuela se merecía mucho más.



La pandemia mundial del coronavirus nos ha obligado a pensar en la muerte y ha cambiado nuestra tradicional forma de sentir el duelo y la pérdida. Los funerales de Zoom, los entierros aplazados y las despedidas virtuales han sustituido los abrazos, las vigilias y el cogernos de las manos. La única opción es hacer el duelo online. Los expertos afirman que, aunque hay formas en las que el vídeo en directo y las conexiones sociales online pueden ayudar, el duelo de cada uno es diferente. Como todo lo demás, llorar a nuestros muertos es más difícil en nuestra nueva realidad.

La pandemia de coronavirus no ha sido el origen del duelo y el luto online. Hace años que Facebook aloja grupos para conectar a padres que lloran a sus niños pequeños, y los perfiles de las redes sociales a menudo se convierten en monumentos conmemorativos. Incluso en las comunidades muy unidas aunque extremadamente digitales como los fandom, las personas llevan años aprendiendo a llorar la pérdida de amigos a los que nunca conocieron.

La transmisión en directo también forma parte del lutoMucho antes de que el coronavirus obligara a millones de personas a encerrarse en casa, ya había otras razones por las que no todos podían asistir a un funeral. En algunas religiones, como el judaísmo, el entierro debe ser poco después de la muerte; incluso sin las actuales restricciones sociales, las limitaciones de viaje han impedido desde hace mucho tiempo que algunas personas asistan a los entierros de sus seres queridos.

«Las comunidades de personas indocumentadas llevan muchos años viviendo esta realidad. Historias desgarradoras de niños que no pueden despedirse de sus padres moribundos; maridos y esposas obligados a verse morir y ser enterrados mediante Skype», asegura la directora de la organización The Order of the Good Death, Sarah Chavez, que aboga por la aceptación de la muerte. El duelo virtual también ha sido parte del luto en zonas rurales, donde hay menos recursos por persona, y para aquellos que lloran ciertos tipos de pérdidas, como el suicidio, las muertes relacionadas con las drogas, el homicidio y la muerte de niños pequeños.

Pero la pandemia de COVID-19 ha obligado a todos los que se enfrentan a la muerte a enfrentarse a la posibilidad de que no poder acceder a lo que los dolientes más necesitan: el contacto humano, la unión y el apoyo comunitario. La situación le está privando de los reconfortantes rituales que la psicoterapeuta y especialista en duelo Megan Devine denomina el «tren de cacerolas». La paradoja de la pandemia consiste en que las personas son más conscientes de la muerte y del duelo, pero menos capaces de ayudar a otros a superarlo. «La cantidad de apoyo que habría existido ahora se ha evaporado», opina Devine.

Ese es el consuelo que le faltaba a Perlow cuando perdió a su abuela. Para los dolientes judíos, en la shiva, los miembros de la familia más cercana lloran juntos la pérdida mientras los amigos y familiares los visitan para mostrar su respeto durante la semana posterior al entierro. Pero el confinamiento por COVID-19 significa que su familia tendría que llorar por separado, cada uno en su casa. Y la llegada de la Pascua acortó su shiva. Perlow: «El propósito de todo esto es estar junto a los dolientes y ofrecerles consuelo. Podemos rezar, cualquiera puede rezar desde cualquier lugar. Pero lo que falta es ese consuelo».

Pequeños gestos

El director de la funeraria Bradshaw-Carter en Houston (EE. UU.), Clay Dippel, se esfuerza al máximo. Hace unas semanas, llamaba a las familias para informar sobre las nuevas restricciones: el servicio religioso planeado para 100 personas debía limitarse a 50, y luego a 25, y luego a 10. Al final, en algunos países se volvió imposible acudir a cualquier tipo de ceremonia funeraria. Fue desgarrador, recuerda.

La funeraria de Dippel empezó hace aproximadamente un año a usar el servicio llamado OneRoom para transmitir en directo los funerales. Bradshaw-Carter está cerca del Centro Médico de Texas (EE. UU.), un enorme campus médico que trata a muchos pacientes de otros estados por enfermedades graves, a veces mortales. La transmisión en directo ayuda a los miembros de la familia que están lejos a estar presentes de alguna manera en los funerales. Ahora, esa es la única opción real, aparte de retrasar las ceremonias hasta que se levanten las restricciones, y por eso el director se dedica a buscar distintas formas de ayuda.

La semana pasada, supervisó una incineración. No estaba seguro de si la esposa del difunto acudiría, por lo que lo vio online. El fin de semana pasado, Dippel sostenía el teléfono durante un servicio funerario junto a la tumba, transmitiéndolo en directo para la familia. El responsable recuerda: «Miré el teléfono y pude verlos observando. Se habían arreglado y llevaban abrigos y corbatas. Se trataba de un pequeño gesto. Eso es un funeral: gestos».

Chávez y Devine han visto cómo este tipo de gestos han empezado a difundirse online en las últimas semanas. En el videojuego Animal Crossing: New Horizonsun jugador creó una tumba virtual para visitarla en honor a sus abuelos. Devine señala que las personas en duelo buscan por internet a personas que pasan por algo similar para hablar sobre lo que significa estar de luto confinados. Ambos creen que internet puede ayudar de muchas maneras, más allá de intentar recrear un servicio funerario o un entierro.

Los funerales de Zoom nunca podrán compararse con los reales. Pero pueden crear ese espacio para reconocer que el duelo es horrible. Chávez sostiene: «Espero que al expresar y compartir nuestro duelo online podamos aprender a normalizar la experiencia y demostrar que, aunque el luto es difícil, también es algo común y compartido entre humanos«.

En cierto modo, todo el mundo está están sufriendo algún tipo de duelo en estos momentos. Quizás el duelo en aislamiento no tiene que ser tan solitario como parece. Devine cree que las familias en luto deberían considerar nuevos rituales pensados para estos momentos. Crear un documento en Google, por ejemplo, donde las personas aporten ideas sobre cómo honrar al difunto cuando se levanten las restricciones del alejamiento social. O mediante una videoconferencia cocinar la cena juntos, o compartir cócteles, con recuerdos y planes.

La experta explica: «Podemos apoyarnos en las viejas formas de hacer las cosas, o podemos aprovechar este tiempo para probar distintas herramientas, habilidades y plataformas que ayudan a las personas a sentirse atendidas».

Mientras tanto, Lori Perlow espera que cuando la situación vuelva a la normalidad, su familia pueda honrar a su abuela como se merece. No será lo mismo, pero será mejor que esto. Recuerda los rosales del jardín de su abuela. Piensa cómo podría llegar a su casa, coger una rosa y volver a plantarla.

Un artículo escrito por Abby Ohlheiser

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