Hay relaciones que nos hacen perder el tiempo

Seguro que alguna vez has tenido esa horrible sensación de tener una relación en la que sientes que estás perdiendo el tiempo. En este artículo te hablamos de lo doloroso que es ese proceso y de los indicadores que te ayudan a poner fin a una relación para evitar daños innecesarios.

Existen personas que nos hacen perder el tiempo, algo muy preciado que solo valoramos en momentos críticos de nuestra vida. Perder el tiempo es perder algo que jamás volverá. Cada uno de nosotros, en promedio, tiene alrededor de 27 000 días de vida. Hay que restar un tercio para el sueño y otra parte para esos primeros años que no recuerdas.

¿Por qué nos implicamos en relaciones que nos hacen perder el tiempo? ¿Por qué compartimos minutos, días o años con personas que no nos aportan? Responder a esto es extremadamente complejo y, desde luego, es necesario analizar cada historia personal para darle un significado.

No obstante, cabe indicar que no nos embarcamos en relaciones insípidas o que nos hacen perder el tiempo porque sí. No se trata de ser una persona egoísta, pero sí sana en sus comportamientos, en sus relaciones. Pudiendo dar amor y ser amados, cuando nos hagan perder el tiempo, no perdamos la oportunidad de aprovecharlo con otra persona.

Perder el tiempo con alguien es sufrir más que disfrutar

Hay personas que ahora te hacen perder el tiempo y quizás un día lo llenaban de alegría. Saber que la vida es cambio y está llena de ciclos, es aceptarla y vivirla. Te hace terminar con agonías innecesarias mucho antes de que todo esté demasiado podrido.

Porque, aunque queramos muchas veces guardar las apariencias, los sentimientos no fallan ni engañan. Y sentimientos acumulados de frustración y decepción en una relación se convierten ya en un estado de ánimo negativo hacia la otra persona. En una incapacidad motriz de dar caricias o abrazos. En una falta de habilidad para regalar cumplidos y recibirlos e, incluso, en una disimulada búsqueda de tu mejor sonrisa, porque ya nunca sale de forma espontánea.

Las relaciones requieren mantenimiento, pero hay una diferencia entre mantener una buena relación y tratar de forzar una mala que no tiene mucho sentido. Cuando ya seas fundamentalmente incompatible con alguien, corres el riesgo de perder demasiado tiempo valioso.

Cada relación que encuentres en tu vida habrá servido para un propósito diferente: algunos sacarán lo mejor de ti, otras lo peor y la mayoría te dejarán indiferente. Lo importante es que eso no permita limitar tus ideas sobre las relaciones y que haga que no mantengas tu corazón abierto.



Esa relación no siempre te hizo perder el tiempo

Si hay algo difícil en las relaciones humanas es saber cuándo retirarse de cierta compañía, cuándo asumir que es mejor estar sola en determinada época que compartirla por mera necesidad de atrezo. Sin embargo, perder el tiempo no es perder la oportunidad de recuperarlo. Hay personas que te hacen recuperar todo ese tiempo perdido de reproches, inseguridades o deslealtades.

Hay personas que aparecen para recuperar un tiempo que llevabas perdiendo demasiado.

Deja de endeudar minutos, días y años a relaciones que le quitan sentido a tu existencia. Sabes que has perdido el tiempo con alguien cuando no la echas de menos. Cuando los buenos momentos ya no aparecen en tu cabeza sin estar enturbiados por la sensación de fracaso y decepción posterior. Perder el tiempo es compartir tu vida con alguien a quien ya no admiras ni valoras.

Alarmas que indican el deterioro

Que una relación esté deteriorada es algo fácil de detectar, pero muy difícil de afrontar. Cuántas veces nos habremos visto obligados a ir a una cita sin ganas, a estar en una reunión ausentes, a pagar un viaje con ganas de que se terminara antes incluso de pisar el destino. Esto son indicadores claros de que algo va muy mal, pero tomar cartas en el asunto es difícil.

¿Cómo distanciarse entonces con disimulo, sin daño, sin destrozar cada peldaño de la relación que un día construisteis? Difícil, pero necesario. A veces, el mero hecho de querer hacerlo nos hace sentir culpables de forma instantánea.

Indicadores de que algo va mal

Hay unos indicadores objetivos que tienen que hacerte reflexionar y tomar empuje para tomar una decisión. Algunos de los más claros y dolorosos son:

  • Tu presencia parece molestar a la otra persona. Tu forma de expresarte, de opinar o hasta de comer le supone un fastidio. Dejas de estar cómoda para estar alerta.
  • Te cuestiona delante de conocidos: saca temas personales a colación de nada, poniéndote en el punto de mira de varias personas que no deberían de estar implicadas en esa conversación tuya, personal, que tú solo decides sacar a relucir.
  • Sientes desconfianza en lugar de tranquilidad cuando no estás con ella, presientes que habla de ti y no de buena forma.
  • No te aconseja, no te consuela: te evalúa, ridiculiza o incluso te “riñe” por cualquier cosa.
  • Ningún plan de los propuestos por ti le parece bueno.
  • No hay discusiones ni enfados y evidentes, pero el ambiente se nota cargado como una granada a punto de explotar.
  • Su mirada ha dejado de ser dulce, compañera, tranquilizadora. Ahora se fija en ti esperando sacar algo que no sabes qué es. Es una mirada acusadora, vacía. No logras ver nada en la expresión de sus ojos.
  • En resumen: ya no ves claridad en ella, solo ves corrientes turbias que cada vez calan más en ti y eso te hace sentir una persona agresiva, triste, tensionada y traicionada.

Todos estos aspectos solo son una muestra de que estás perdiendo el tiempo con esa persona. Sea amiga, prima, hermana, pareja o madre. Dependiendo del grado de relación, el desgarre emocional será mayor.

No olvides que por lo que un día duele mucho, en muchos otros días se respirará alivio. Pero eso será más tarde que pronto si pospones esa decisión demasiado.

Llegarán personas que ocuparán ese espacio

Tras el sufrimiento, un día llegará alguien, una persona con la que sentirás que tu vida se reconstruye a la misma vez que sientes un apoyo sin malicia en ella. Esa persona que dará luz se podrá llamar amiga, compañero de trabajo o pareja.

Entonces, sabrás que no estás perdiendo el tiempo cuando puedas opinar de forma libre. Cuando la sonrisa inunde tu rostro o cuando discutas de forma franca para luego solucionarlo sin rencor.

No renuncies a esa oportunidad porque todas y todos tenemos ese derecho, la esperanza es poderosa y los hechos que ella impulsa aún más.

Si has “perdido el tiempo” con alguien, ya has ganado; pues has sido capaz de poner fin a esa historia. Ahora queda lo más bello: recuperarlo queriéndote y queriendo. Si sale mal no tardes tanto como la última vez, ese es el ciclo de la vida.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Roda Rivera

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