Los medios digitales no se mueren, se autodestruyen

Desde que la prensa dio el salto al mundo digital la gratuidad de sus ediciones online ha puesto en la cuerda floja su cuenta de resultados. Los “agujeros” del modelo publicitario digital merman los ingresos de las cabeceras de reputados diarios de todo el mundo que se han rendido ante la tiranía del clic en detrimento de la calidad de la información.

La lógica dice que, si los lectores están dispuestos a pagar un precio por las versiones impresas de los periódicos, deberían también aceptar este intercambio en el mundo digital. Sin embargo, la realidad muestra todo lo contrario.

La cultura de la gratuidad en la que el periodismo lleva instalado durante demasiado tiempo ahoga a redacciones con cada vez más trabajo, pero con recursos insuficientes, tanto materiales como humanos, para abarcarlo.

Y en un momento en el que el buen periodismo es más necesario que nunca, muchos comienzan a replantearse su modelo de negocio. No cabe duda de que algo está cambiando. Más de 100 millones de personas pagan religiosamente cada mes por disfrutar de servicios como Netflix o Spotify y los periódicos comienzan a sumarse a la suscripción que se presenta como el salvavidas al que deben agarrarse las cabeceras.

Aunque en España el miedo a la reticencia de los lectores todavía frena a los medios en su salto al pago, en Estados Unidos ya es un método recurrente.

El New York Times que, a pesar de lidiar con dificultades en los primeros años de su paywall, no reculó en su empeño por cambiar la mentalidad de los lectores.

Hoy, el 77% de sus suscriptores proceden del mundo digital y los ingresos por la versión online del diario superan a los que obtiene por publicidad digital.

Pero no es el único caso, The Washington Post y Wall Street Journal tampoco han dudado en cobrar a sus lectores, al igual que lo hacen en sus versiones impresas, todos ellos con buenos resultados.

Los que todavía no han apostado por completo por el pago,BloombergBusiness Insider o Politico, utilizan sistemas mixtos a través de los que limitan la cantidad de artículos que se pueden consultar al mes o bien ofrecen distintas versiones, una en abierto y otra para miembros.

La clave de su éxito reside, entre otros factores, en la flexibilidad de sus tarifas. Los precios abarcan un amplio rango que permite a los lectores adaptar el pago a su consumo. Tampoco es casual que los únicos diarios que han resistido al embate del entorno online hayan sido los que no se han supeditado a las abusivas condiciones del oligopolio digital, Google y Facebook. Su reputada fama y, sobre todo, el valor añadido de sus contenidos hace el resto.

La digitalización ha asentado en la población la percepción de una acusada falta de diferenciación entre los productos informativos del espectro online. Si los lectores pueden obtener la misma noticia gratuitamente, el pago es poco probable.

Solo aquellos periódicos que no han cedido a las directrices del mundo online (ni a las de las altas esferas políticas y económicas), que no han dejado de lado la verdadera esencia del periodismo y no han mermado, sino ampliado capacidadespara no hacer más, sino mejor trabajo, han salido victoriosos de la guerra digital.

Cuando en España los medios comiencen a ofrecer a los lectores una oferta diferenciada (no solo ideológicamente) podrán remontar el vuelo. Porque quizá el problema no resida en el lector, sino en unos medios que todavía no saben satisfacer sus exigencias de calidad. 

Vía: Marketing Directo

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