Misofobia, el miedo a la suciedad

¿Que es la misofobia? ¿Cómo puede limitar nuestras vidas? En este artículo hablaremos de este tipo de fobia específica, de sus consecuencias y de su tratamiento.

La misofobia es el miedo a la suciedad o, más concretamente, el miedo a contaminarse con gérmenes.  Según la OMS y la American Psychiatric Association se encuentra en el grupo de las fobias específicas. Esta fobia puede llegar a ser muy incapacitante y producir aislamiento social, ya que la suciedad está siempre presente y es muy difícil de evitar.

En este artículo haremos un repaso por las principales características y los síntomas de la misofobia, las posibles causas, las potenciales consecuencias derivadas y el tratamiento. También conoceremos las similitudes y diferencias entre la misofobia y el trastorno obsesivo-compulsivo de limpieza.

¿Qué es la misofobia y cuáles son sus síntomas?

El término misofobia o mysophobia proviene de la unión de las palabras griegas mysos (contaminación) y phobos (miedo). Se conoce también como germofobia, rupofobia, bacteriofobia o verminofobia. Son conceptos más específicos, pero todos relacionados con el miedo a contaminarse con gérmenes.

Como se ha dicho, consiste es un miedo irracional a la suciedad, a la contaminación o a los gérmenes. Igual que en todas las fobias, el objeto o situación fóbica casi siempre provoca un miedo o una ansiedad intensa desproporcionada.



Estas situaciones se evitan o se resisten con mucha ansiedad. El trastorno causa malestar significativo y provoca un deterioro en áreas importantes del funcionamiento (en lo social, laboral, etc.)

Junto con la ansiedad y el estrés que pueden acompañar a la misofobia hay otros síntomas. Muchas manifestaciones del trastorno son comunes en distintas fobias, como sudoración, náuseas y vómitos, palpitaciones, ataques de pánico… Algunas otras están más específicamente relacionadas con la misofobia, como pueden ser:

  • Lavarse constante y concienzudamente las manos y la cara.
  • Desinfectar los espacios en los que se tenga que estar, sentarse, tocar, etc.
  • Evitar el contacto con objetos que pasan por muchas manos o que están en espacios públicos.
  • Limpiar y desinfectar la casa de manera exagerada.
  • Evitar comer fuera de casa, usar baños públicos y permanecer en espacios muy concurridos.
  • Usar mascarilla y guantes en lugares o situaciones en las que normalmente no sería necesario.
  • Evitar el contacto cercano con ciertas personas, pudiendo llegar al aislamiento total en los casos más graves.
  • Tirar la ropa después de estar en determinados ambientes.

Relación con el trastorno obsesivo-compulsivo (TOC)

El TOC se caracteriza por numerosas obsesiones que generan malestar y ansiedad. También porque el sujeto que las padece intenta terminar con ellas mediante compulsiones (rituales conductuales o cognitivos). Existen diferentes tipos de TOC, definiéndose cada uno en función de las manifestaciones clínicas.

En caso de darse fobia a la contaminación junto con síntomas de TOC de limpieza, el diagnostico que prevalece es el de trastorno obsesivo compulsivo. Es decir, si además de la fobia se presentan obsesiones asociadas al hecho de contagiarse.

Por otro lado, si se presenta miedo a la suciedad sin más, sin ir asociado a obsesiones y compulsiones, se debería diagnosticar fobia específica.

Tratamiento de la misofobia

La fobia a la suciedad, a la contaminación y a los gérmenes puede llegar a ser muy limitante. Por ello, el tratamiento debe ser proporcionado por profesionales.

En caso de conceptualizarse como fobia específica, sin llevar asociados síntomas de TOC, los tratamientos más empleados y de mayor eficacia son:

  • Exposición a los estímulos temidos. Esto permite habituarse a la ansiedad, proporciona aprendizaje correctivo (aprender que el estímulo no va seguido de las consecuencias temidas) y permite la desconfirmación de ideas erróneas.
  • Terapia cognitivo-conductual. Añade terapia cognitiva a la exposición. Las técnicas cognitivas permiten  corregir ideas irracionales relacionadas con el miedo y fomenta creencias adaptativas. Esta corrección de pensamientos facilita la exposición.

En caso de conceptualizarse como TOC, se puede aplicar exposición con prevención de respuesta. Consiste en exponerse a los estímulos que provocan las obsesiones (por ejemplo, lugares donde hay muchos gérmenes, como un baño público) y, posteriormente, bloquear la realización de rituales o compulsiones (por ejemplo, lavarse durante 15 minutos las manos).

Este tipo de intervención produce, además, cambios cognitivos que permiten reclasificar las obsesiones como no amenazantes.

¿Cuáles son las causas?

Las investigaciones demuestran que la fobia específica tiene un alto componente hereditario. Sin embargo, hay muchas posibles causas para el desarrollo de la fobia a la suciedad.

Una de las causas o desencadenantes más frecuentes es haber pasado por situaciones traumáticas, como una enfermedad que provoque inmunosupresión y obligue a extremar las medidas de higiene.

También son importantes los modelos a los que hayan estado expuestas las personas con misofobia en la infancia: si un niño ha crecido rodeado de normas muy estrictas de limpieza, es más probable que desarrolle el trastorno. Aun así, las causas concretas de la misofobia no están claras y se apunta más hacia un origen multicausal.

Les invito a pensar… Si vivir una situación que requiera extremar las medidas de higiene para evitar contagios de una determinada enfermedad es un factor de riesgo para el desarrollo de misofobia, quizá la pandemia de coronavirus tenga que empezar a contemplarse como variable de riesgo para el posterior desarrollo de fobia a la contaminación, ¿no?

No sería de extrañar que empezara a aumentar la incidencia de este trastorno en la población, es decir, que aumentara de manera notable el número de casos nuevos.

La pandemia de coronavirus va a hacer que nos cuestionemos y corrijamos las medidas de higiene y distancia social, pero ¿hasta qué punto? ¿Veremos de aquí a 5 años un crecimiento brutal de las tasas de TOC y misofobia?

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Cristina Girod de la Malla

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