Regulación emocional extrínseca: una forma de influencia emocional

«Estoy aquí para ti, te apoyo y te entiendo». Pocas cosas son tan positivas como disponer del apoyo emocional de los nuestros. Sin embargo, al final, debemos ser nosotros mismos los responsables de solucionar nuestros problemas y desafíos cotidianos.

La regulación emocional extrínseca define un tipo de proceso que nos es muy conocido a la mayoría. Son esas situaciones en las que una persona nos brinda su apoyo, en que su sola presencia o sus acertadas palabras nos generan paz interna, calma y bienestar. Esos regalos psicológicos que nos brindan otros pueden ser en ocasiones refuerzos casi adictivos, dimensiones de las que no podemos prescindir.

Para entenderlo mejor pondremos un ejemplo. Es muy posible que todos tengamos un amigo que siempre nos busca cuando tiene un problema o simplemente atraviesa un mal día. Dejamos lo que estamos haciendo y acudimos a pasar un rato con él y conferirle nuestra cercanía y comprensión. No obstante, es muy posible que esto sea algo habitual en dicha persona.

Es muy posible que ese amigo sea un «adicto» al apoyo emocional. Son figuras que no pueden o no saben manejar sus estados emocionales de otro modo más que a través de otra figura que le sirva de espejo y de refugio. «Es que no sabría que hacer sin ti» nos dicen. Y aunque nunca dudemos en serles de ayuda, sabemos que hay algo que no es del todo correcto en estas situaciones.

Las personas debemos aprender a manejar también nuestras emociones. Es responsabilidad nuestra solucionar lo que duele, detectar el origen de nuestros problemas y aprender estrategias de regulación y afrontamiento emocional. Depender en exclusiva de una regulación emocional extrínseca no es la solución.



Profundicemos un poco más.

Regulación emocional extrínseca: ¿en qué consiste? ¿por qué lo hacemos?

La regulación emocional extrínseca es un campo de estudio relativamente nuevo. Hasta el momento, la psicología se había interesado sobre todo en conocer esos mecanismos por los que las personas autorregulamos nuestros estados emocionales. Se nos había pasado por alto, quizá, que somos seres sociales y que nada es tan habitual en nosotros como buscar apoyo ajeno.

Este modelo parte básicamente de la teoría social de referencia enunciada por Jim Coan. Según este enfoque, sabemos que el cerebro experimenta estrés con el aislamiento y que es la cercanía con nuestros semejantes lo que nos confiere bienestar.

Compartir emociones con otra persona reduce la sensación de amenaza, obtenemos recursos para afrontar las dificultades y nos sentimos validados. Todo ello es básico y necesario para nuestra subsistencia.

Ahora bien, el encuadre de la regulación emocional extrínseca tiene matices que debemos conocer.

¿Qué es la regulación emocional extrínseca?

La regulación emocional extrínseca es un proceso en el que una persona influye en el estado emocional de otra. Además, se hace de manera consciente, voluntaria y buscando además ese fin, el de regular el estado de ánimo de quien se tiene delante.

Si volvemos al ejemplo del inicio, descubriremos que somos nosotros los encargados de regular la forma en que se siente ese amigo que pasa por un mal momento.

  • No estamos por tanto ante una situación en la que se produce un contagio emocional. Ni nosotros quedamos impregnados por el estado emocional del otro, ni la otra persona queda contagiada por nuestro estado emocional. Lo que hay básicamente es una voluntad clara de regular la forma en que se siente quien tengo frente a mí.
  • Hay una intencionalidad premeditada. Es decirnos «voy a intentar que esa persona se encuentre mejor, y lo haré haciéndole ver ciertas cosas, consiguiendo que deje a un lado ciertos pensamientos para asumir otros».

Los demás pueden influir emocionalmente en ti de muchas maneras (y no todas son buenas)

Hemos hablado hasta el momento de la regulación emocional extrínseca como ese mecanismo idóneo para ofrecer apoyo. Sin embargo, no debe pasarnos por alto un pequeño aspecto. Esa regulación puede ser tanto positiva como negativa. Dicho de otro modo, las personas también pueden usar su intencionalidad e influencia para provocarnos malestar.

Imaginemos, por ejemplo, a una de esas personas a las que les comunicamos cómo nos sentimos y no dudan en decirnos «pues si tú estás mal, yo estoy peor», «siempre estás con lo mismo, está claro que no sabes llevar las riendas de tu vida»… Este tipo de verbalizaciones también modularán nuestro estado de ánimo y no la harán evidentemente de manera positiva.

Ahora bien, lo más complejo de la regulación emocional extrínseca negativa es que no siempre es tan evidente como pensamos. Hay veces en que determinadas personas van minando poco a poco nuestros ánimos de manera tan camuflada que ni lo percibimos.

No es bueno depender en exclusiva del apoyo emocional externo

Romper con nuestra pareja, perder un trabajo, sufrir una pérdida de un familiar, fracasar en un proyecto… Todos pasamos por momentos difíciles en los que necesitamos sin duda de ese apoyo emocional extrínseco (externo). Sin embargo, para experimentar auténticos beneficios y superar un duelo, la herida de la adversidad y de esas dificultades vitales grandes o pequeñas debemos aprender a favorecer una regulación emocional interna.

Si no gestionamos nuestras emociones y esperamos siempre que sean otros quienes las regulen por nosotros, seremos cautivos de la dependencia. Esperar que los demás reduzcan nuestro malestar tiene algo de egoísmo. Podemos beneficiarnos de ello, pero al final será como poner un paño caliente en una herida: calma el dolor, pero el traumatismo sigue ahí, abierto y supurando.

Es responsabilidad nuestra gestionar y lidiar con las emociones cotidianas, tanto de las buenas como de las más malas. El apoyo externo es un pilar en el ser humano, es cierto. Y está bien recurrir a ella de vez en cuando. Sin embargo, no podemos ni debemos acostumbrarnos a ella. La madurez emocional requiere de esa independencia para resolver y superar los dolores propios.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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