¿Por qué nos cuesta tanto asumir las restricciones temporales?

Las restricciones temporales han originado angustia e ira en muchas personas. Para algunos expertos, no son tales restricciones, sino la inmadurez personal la que convierte esos límites en imposiciones difíciles de sobrellevar.

Las restricciones temporales son una de esas realidades que debemos aprender como parte de una sociedad dinámica. Comenzamos temprano, cuando nos ponen límites en la forma de comer, y empiezan a decirles “no” a muchos de nuestros pequeños deseos, como el de meter el dedo en el enchufe o tirar la comida al suelo.

Si todo va bien, poco a poco aprendemos que las restricciones temporales tienen su razón de ser. Nos protegen de nosotros mismos, protegen a otros y le dan cierto orden a la vida en comunidad. No sin cierto pesar y después de algunos intentos de rebelión, claudicamos en algún punto y aprendemos que no podemos seguir todos nuestros impulsos.

Pese a todo, la crisis de 2020 ha mostrado que para muchas personas resultan intolerables las restricciones temporales. Les parece una absurda coacción a su “libertad”, que no están dispuestos a aceptar. Por eso trasgreden las normas cada que pueden, o reniegan al tener que respetar límites, aunque el objetivo sea proteger su propia vida. ¿Por qué sucede esto?

“Un hombre sin restricciones es como un barril sin aros que rueda y se hace pedazos”.

-Henry Ward Beecher-

Las restricciones temporales

En los países de Oriente no han tenido mayores problemas con las restricciones temporales. Son sociedades disciplinadas, que tienen un elevado sentido del bienestar colectivo y además ya han pasado por situaciones similares en el pasado; también tienen gobiernos más autoritarios que los de Occidente.

En los países occidentales, la situación ha sido muy diferente. Si bien al comienzo hubo cierta disposición a colaborar con lo que pedían las autoridades, con el paso de los días, y pese al incremento de los problemas de salud en varias partes del mundo, las personas se muestras cada vez más reacias a soportar las restricciones temporales.

Incluso ya han hecho presencia las conductas cínicas: “Hago lo que me parezca y ya está”. También han surgido varias teorías de conspiración que operan como una suerte de negación de la realidad. Finalmente, lo que se solicita es solo que la gente se quede en casa, tanto como sea posible. No es algo de otro mundo, si se tienen en cuenta los riesgos de no hacerlo.



La resistencia, ¿por qué?

Está claro que muchas personas no estaban listas para que les cambiaran las reglas del juego de un momento a otro. En principio, permanecer en la casa el mayor tiempo posible no tendría por qué originar problemas de ansiedad, o a violencia en el hogar. Las restricciones temporales tampoco tendrían que ser objeto de tanto rechazo.

El doctor Adrián Besuschio, médico psiquiatra APSA y psicoanalista de la APA, señala que ve en esa actitud un visible rasgo de inmadurez. Indica que cuanto menos madurez, más reticente se muestra la persona a aceptar las restricciones. Piensa que la incertidumbre de la situación se ha transformado en frustración y rabia en muchas personas, lo que hace que se opongan a determinadas normas parciales.

A juicio de Besuschio, una persona madura logra transformar la angustia de la incertidumbre en sublimación. Este es un mecanismo de defensa por el cual se traslada la energía “en exceso” que provoca la angustia, así como la frustración, hacia actividades de orden creativo y lúdico. Si no hay esa madurez, la angustia solo crece sin parar.

Animales en cautiverio

Por otro lado, para la doctora Isabel Behncke, científica e investigadora de Oxford, muchos seres humanos se están comportando de una manera muy similar a como lo hacen los primates enjaulados. De hecho, anota, eso somos, al menos en principio: animales sociales en cautiverio.

Cuando los animales más inteligentes son enjaulados, a veces pueden llegar a lastimarse. Por ejemplo, se rascan hasta sangrar. Comenta que, por contraste, especies como los bonobos, los simios más parecidos a los humanos, sortean las restricciones temporales con juego y sexo. Por eso los científicos los llaman “los hippies del bosque”.

El juego es precisamente un mecanismo de sublimación. Y no corresponde solo a los juegos de mesa o a los videojuegos, sino que abarca todo tipo de actividades artísticas y eróticas. Muchos de esos juegos se pueden realizar en soledad y son un antídoto muy eficaz contra el miedo y la incertidumbre.

Cuando las cosas se ponen difíciles, uno de los mejores recursos que tenemos es el sentido del humor. Tener conversaciones entretenidas, experimentar en la cocina, mirar una película de comedia, etc. Lo que vive el mundo es un desafío. Quizás sea hora de probar que somos una especie evolucionada.

Edith Sánchez

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *