Saber reaccionar siempre será mejor que dejarnos llevar

Al final llega un momento en que reaccionas, abres los ojos y eliges no dejarte llevar más por las circunstancias. En ese instante, sientes que vuelves a tener el control sobre tu propia persona para crear por fin, el tipo de vida que quieres y necesitas.

Saber reaccionar ante lo que nos sucede siempre será mejor que dejarnos llevar por lo que nos pasa. Bien es cierto que no siempre estamos preparados ante los vaivenes del destino, ante esos imprevistos que rompen nuestro equilibrio de un día para otro. Sin embargo, en medio de tanta incertidumbre es adecuado tener cierta sensación de control, al menos sobre uno mismo.

Decía Albert Ellis, pionero de la terapia racional emotiva conductual, que lo verdaderamente importante no es lo que nos ocurre, es aquello que interpretamos sobre lo que nos ocurre. Es cierto, el plano cognitivo es clave en estas circunstancias y lo que pensamos nos determina. Pero admitámoslo, a veces nos suceden cosas ante las que apenas hay tiempo de pensar, solo de sentir su impacto.

El sufrimiento es parte de la vida, por tanto es comprensible y normal quedar atrapados por las emociones durante un tiempo determinado. Más tarde, llegará el momento de reaccionar y desplegar esas estrategias de las que nos hablaba Ellis, en las que los pensamientos, las emociones y las conductas deben ir de la mano para permitirnos actuar, resolver y avanzar.

No obstante, lo haremos a su tiempo y en su momento. Porque todo proceso de sanación y afrontamiento tiene sus pautas. Lo más decisivo en todos los casos es no dejarnos llevar por la angustia y el miedo constante, por esas emociones que dificultan cualquier progreso.



Saber reaccionar, estrategia de supervivencia y de bienestar

Saber reaccionar ante los eventos vitales requiere práctica y conciencia. Decimos esto por un hecho muy sencillo: hay quien reacciona por instinto y hay quien actúa de manera centrada, responsable y valiente. De un modo de actuar al otro hay un mundo; el primero lo hace como mero mecanismo de defensa, como quien ve llegar una pelota hacia su rostro y en lugar de esquivarla opta por darle un cabezazo con tal de detenerla.

Por contra, está quien reacciona de manera más ajustada y acertada ante ese peligro y decide poner las manos delante para coger la pelota y evitar tanto el golpe contra su rostro como también que pueda dañar a otros. Entre una acción y otra se alzan un gran número de procesos, como saber usar un enfoque más calmado, aplicar la buena gestión emocional para evitar responder por impulsos y también ejercitar la flexibilidad mental, esa que nos permite elegir una respuesta frente a otras.

Malcolm Gladwell, conocido ensayista y autor de libros de éxito sobre el pensamiento y la inteligencia humana, nos explica en su libro El poder de pensar sin pensar (2005) que a lo largo de su vida hay una lección que siempre le ha servido. No hay que reaccionar llevados por las primeras impresiones o los impulsos que sintamos en un momento dado ante una situación. Hay que respirar profundo tomarse un tiempo y entonces, actuar.

Si te dejas llevar por las circunstancias “no estás pensando”

Si te dejas llevar por los vaivenes de la adversidad y no actúas ni reaccionas, en realidad, no estás pensando. Son las emociones las que te llevan, ellas las que te arrastran como una hoja que embiste el viento. Si permites que en esas circunstancias otros decidan por ti, tampoco estás actuando ni pensando, será la voluntad de los demás la que elija en tu lugar. Y todo ello no es bueno ni recomendable.

Saber reaccionar es oponer resistencia al principio, mirar en perspectiva y calma para después decidir y actuar. Es ir contra el viento y ver de cara las dificultades para conocer qué aspecto tienen, qué quieren y cuáles son sus puntos débiles.

Reaccionar con audacia y acierto requiere algo más que mera valentía. Implica ser responsable de uno mismo, gestionar el miedo y valorar qué tipo de respuesta debemos aplicar ante el desafío que tenemos en frente.

Saber reaccionar ante lo que nos pasa es evitar actuar por impulsos

Decía William James que hay mucha gente que “cree que piensa”, pero en realidad se limita a actuar por impulsos. Dejarse llevar por esas reacciones no meditadas provoca que aflore lo peor de nosotros mismos. Al fin y al cabo, quien no piensa, quien no medita las cosas, acaba haciendo uso de los prejuicios, de las creencias que otros le inculcan y que uno se limita a asumir sin protestar.

Saber reaccionar pasa por hacer el esfuerzo de pensar y razonar de manera relajada para tener mayor claridad mental. En nuestro mundo apresurado, lleno de estímulos y presiones apenas tenemos tiempo para estos procesos mentales tan delicados y necesarios.

A menudo, la propia ansiedad es la que hace que acabemos reaccionando por impulsos, dando forma a conductas poco ajustadas de las que más tarde nos arrepentimos. Saber reaccionar es saber responder desde un interior que elige no dejarse llevar por esas emociones que nos «secuestran» en un momento dado.

Si lo que siento es angustia por ese problema que tengo ahora, no puedo actuar llevado por esa mismo sentimiento.

Lo que haré es conectar con esa emoción, entenderla, razonarla y dar paso a un estado de ánimo más relajado en el que pueda meditar una respuesta más certera que me beneficie. Todo ello requiere práctica, pero con voluntad y un firme compromiso con nosotros mismos podemos lograrlo.

Este artículo ha sido escrito y verificado por la psicóloga Valeria Sabater

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