Un preocupante síndrome está afectando a la gente que ya ha pasado el COVID-19

Uno de los problemas que ha traído el COVID-19 es que este no desaparece del todo en muchas ocasiones. Con el paso de los meses se ha ido descubriendo que algunos síntomas a veces pueden persistir durante semanas, e incluso meses. Entre ellos está el dolor de cabeza, tos, fatiga y una serie de problemas cognitivos como la pérdida de memoria y la incapacidad para concentrarse durante períodos prolongados.

Ahora, los médicos han identificado el síndrome de taquicardia ortostática postural (POTS, por sus siglas en inglés) como un síndrome capaz de afectar a las personas mucho después de que se hayan recuperado de la infección, según publica BGR. El POTS se manifiesta con síntomas como náuseas, dolor abdominal o fatiga crónica severa.

Como recoge el mismo medio, uno de los pacientes con POTS asegura que este síndrome le impide estar de pie durante varios minutos, ya que el daño impide que los vasos sanguíneos de las extremidades inferiores devuelvan adecuadamente la sangre al corazón y al cerebro contra la gravedad. El ritmo cardíaco puede duplicarse o triplicarse al estar de pie, y la falta de oxígeno en el cerebro y la parte superior del cuerpo lleva a muchos de los síntomas de POTS.

Estar de pie les provoca fatiga, sensibilidad a la luz y al sonido, hormigueo en las extremidades, intolerancia a la temperatura y problemas gastrointestinales.



Aunque estos síntomas no sean peligrosos, sí que afectan directamente a la vida diaria de los pacientes.

Además del POTS, varios estudios han revelado otras secuelas a largo plazo de la enfermedad. Por ejemplo, muchos pacientes que pasaron el coronavirus pueden experimentar un declive cognitivo equivalente al envejecimiento cerebral de 10 años. Otros, tienen pérdidas de memoria e incluso ligeros cambios de personalidad y falta de concentración.

Los expertos recomiendan a los pacientes que eviten los cambios repentinos de postura, el reposo prolongado, las altas temperaturas, las comidas copiosas y los fármacos vasodilatadores o simpaticomiméticos.

Andrea Gómez Bobillo.

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